06 enero 2011

Capítulo 2:No te enamores, que el amor no es bueno...

No lo entiendo. No me entra en la cabeza, no.
-¿Cómo ha podido volver con esa perra? Nunca entenderé la mente masculina...- decía Lidia con cara de pocos amigos, intentando consolar a su amiga.


-Nunca, recuerda, nunca me volveré a creer nada de ese tío-le contestaba entre sollozos la pobre Sara.


-Bueno cariño, me voy a mi casa ¿vale?. Intenta no pensar mucho en lo del parque, y ya mañana hablamos. Te quiero.
Sara le hizo un gesto con la mano diciendo adiós.


Suena el móvil, era Héctor.
-No se lo pienso coger-pensaba ella. Luego, se mordió ligeramente los labios, y descuelga el móvil-¿Qué quieres?


-No me hables así, por favor. Lo de esta mañana ha sido solo un malentendido.


-Claro, claro... Vaya casualidad, ¿no?. Ahora tú no tienes culpa y te quieres ir de rositas por el mundo, porque, como soy el guapo, te piensas que todo el mundo va a ir detrás de mi...


-Por favor, déjame que te explique primero, y si después sigues sin creerme, te dejaré hasta que te desenfades.


-Vale.


-Te acuerdas que fuiste tú la primera cuando la dejé en enterarte de la noticia, ¿verdad?. Sabes que confío en ti y siempre te cuento todo tanto bueno como malo. Pues el día que Lidia me vio, había quedado con ella porque ya no la soportaba y, para que me dejara en paz, accedí a quedar con ella y hablar. Al llegar al parque, estaba allí y empezamos a discutir; me senté en el banco y le dije que esa conversación no tenía sentido y que me iba a mi casa. Entonces vio a tu amiga doblar la esquina y, como sabía que iba para tu casa, me agarró con las manos y me besó, y Lidia lo vio de pleno. Me dijo mira, ¿esa es tu amiga no? y me sonrió con una cara como diciendo " estoy satisfecha ".


Sara estaba callada en la otra parte del auricular llorando, pero lo intentaba disimular aunque era un poco difícil...


-Entonces... ¿me crees?


-Sólo si quedamos alguna de estas tardes y damos una vuelta como en nuestros tiempos, ¿vale?-dijo entre risitas alegrando un poco el rostro mojado.


-¡Cuando quieras!


Al instante, Sara llama a Lidia:


-¡Tiaaaaaaaaaaaaa! ¿A que no sabes con quién he quedado?


Los sentimientos están para sentirlos, y las reglas para romperlas .

No hay comentarios:

Publicar un comentario