Ya estoy mejor. Yo, que ante un error quisiera que la vida tuviera la tecla rewind. Pero resulta que la vida no tiene esa tecla. La vida siempre avanza, y suena, lo quieras o no, únicamente puedes subir o bajar el volumen. Y tienes que bailar. Lo mejor que puedas. De todos modos, por lo que sea, ahora tengo menos miedo. El Soñador interrumpe mis reflexiones.
-Todos tenemos algo de que avergonzarnos. Todos hemos huido, Leo. Pero eso nos hace hombres. Solo cuando tenemos tatuado en la cara algo que nos avergüenza, nuestra cara empieza a ser real...
-¿Usted llora,profe?
El Soñador guarda silencio.
-Siempre que pelo una cebolla.
Rompo a reír, pese a que su chiste es pésimo. Sorbo con la nariz y consigo contener las lágrimas que me quedaban por llorar.
-Es normal tener miedo. Como también es normal llorar. Eso no es ser cobarde. Ser cobarde es hacerse el tonto, volver la cara hacia otro lado. Eludir las cosas. Seguro que has huido. Seguro que te has cabreado -¡ha dicho cabreado!- con todos y contigo mismo. Pero eso es normal. Sólo cabreándote -y van dos...- no arreglas nada. Puedes cabrearte -¡y tres!- todo lo que quieras, pero eso no curará a Beatrice. Una vez leí en un libro que el amor no existe para hacernos felices, sino para demostrarnos cuán fuerte es nuestra capacidad de soportar el dolor.
Pausa de silencio.
-¡Pero yo he huido! ¡Yo, que tendría que ser capaz de morir por ella con tal de que se cure!
El Soñdor me mira.
-Te equivocas, Leo; la madurez no se ve en el deseo de morir por una causa noble, sino en el deseo de vivir humildemente por ella. Hazla feliz.
¡Hola chiquis!
¿Qué tal os va todo?
Yo no me puedo quejar, salvo por las notas... Esta última evaluación, he intentado recuperar alguna, pero creo que hasta me han caido más, así que...
Por todo lo demás bien, estaba ya con ganas de verano y, aunque le haya costado, ¡HA LLEGADO!
Pero hay un problemilla, un pequeño problema... El calor que hace por la noche. Por una parte es malo, porque cuesta dormir y tal, pero por otro es una de las mejores cosas de este precioso tiempo. ¿Por qué? Porque así da más gusto salir, te puedes poner cuñas, vestido veraniegos y fresquitos, puedes quedarte hasta las 6 de la mañana en la terraza de la discoteca bailando pachangueo y después remember, como la canción de "In my eyes" o "Castles in the sky" sin dejar de divertirte, sin cansarte, y con las pilas siempre tan cargadas como si no te hubieses movido.
Este finde ha sido... especial. Digo especial, porque ha sido muy diferente a muchos otros: El viernes, fiesta de estudiantes. Teníamos la gran recompensa de salir después de lo bien que nos "habíamos portado" por la tarde -impiando nuestro apartamento, como le llamamos- Andrea y yo; y tras tres horas de intensa limpieza, olor a lejía, limpiacristales y paños sucios, recibimos la recompensa. Nos quedamos a dormir allí las dos.
Salimos de fiesta. Viene Carlos, mi novio. Damos muchas vueltas con él por todos sitios. Él se va. Nosotras nos quedamos de fiesta. 5 de la mañana. A dormir. 8.30 de la mañana. Un mensaje. Carlos. Volvemos a cerrar los ojos. Vuelve a sonar el móvil, esta vez una llamada. El mismo. Nos cagamos en él como unas 920375629837503850385767392757693 millones de veces por despertarnos.
Después de comer, me vuelvo a bajar al "apartamento" con Andrea. Teníamos que prepararnos muchas cosas, porque supuestamente dormíamos allí 6 personas, Andrea y yo inclusive. Pero hubo un pequeño fallo, y al final 3 de esas personas no se quedaron, pero se quedó otra amiga y Carlos. Si, él era esa cuarta persona. Y lo quiero con locura.
10.30 de la noche. Concierto del coro y la banda de música. No pude ir a la cena del cumpleaños, pero al salir del concierto, sobre las 12.15 o 12.20, Isabel -una amiga- y yo bajamos a cambiarnos. Vamos de blanco. Fiesta Ibicenca. ¡SIN PALABRAS! A dormir a las 6.00 de la madrugada. Estaba amaneciendo, y era precioso.
9.00 de la mañana. Me despierto, no sé como. Me doy la vuelta, y está mirándome. Me da un beso, y me dice: ¿Creías que no te iba a despertar a besos eh? Te dije que te equivocabas. Y otro beso.
Querer a una persona puede causar el más gran sentimiento que jamás imaginarías, o el mayor dolor jamás sentido por una persona dolida.


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